Dictamen aprobado por la comisi贸n especial del Parlamento Vasco

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Dicho dictamen: “Memorando de hechos ocurridos en Vitoria-Gasteiz que terminaron con la muerte de cinco trabajadores por disparos de la polic铆a armada” ser谩 votado en pleno el 25 de Junio.

Memorando de hechos ocurridos en Vitoria-Gasteiz que terminaron con la muerte de cinco trabajadores por disparos de la polic铆a armada.

Justificaci贸n

El 3 de marzo de 1976, el desalojo por la Polic铆a Armada de la Iglesia de San Francisco de As铆s, en el barrio vitoriano de Zaramaga, produjo cinco v铆ctimas mortales y varias decenas de heridos de consideraci贸n entre los trabajadores que se dispon铆an a celebrar una asamblea y entre los que no pudieron acceder al recinto. Aquellos hechos contin煤an impunes, nunca han llegado a dirimirse judicialmente y su conocimiento veraz, m谩s all谩 del que tienen los ciudadanos de Vitoria contempor谩neos de los mismos, no puede considerarse adecuado. En diversas instancias y momento, la reclamaci贸n de responsabilidades ha sido denegada acudiendo, precisamente, a versiones inciertas o de parte que, sin embargo, son las 煤nicas que hasta hoy se pueden localizar en los archivos judiciales.

El Parlamento Vasco ha atendido en diferentes ocasiones el requerimiento de la 鈥淎sociaci贸n de v铆ctimas y familiares del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz鈥 tendente a reconocer la contribuci贸n de aquellas v铆ctimas al logro de la democracia en nuestro pa铆s, a restituir el conocimiento de la verdad de aquellos hechos y a arbitrar o reclamar las indemnizaciones a que tuvieran derecho. En enero de 2001, el Ministerio del Interior comunic贸 a la Asociaci贸n que se iba a proceder a desestimar la solicitud presentada por 茅sta para ser acogidos en la ley de Solidaridad con las V铆ctimas del Terrorismo. Una de las razones de la denegaci贸n se apoyaba en los informes policiales existentes en los archivos sobre el caso, que refer铆an c贸mo los trabajadores 鈥渟e armaron con palos, barras de hierro, bolsas de piedras鈥. En ese contexto, el Parlamento Vasco, con motivo del 25 aniversario de los sucesos, aprob贸 una moci贸n en la cual, adem谩s de mostrar su solidaridad con los afectados, instaba al Gobierno Central y a los 贸rganos judiciales a que, en el 谩mbito de sus competencias respectivas, contribuyeran a esclarecer los hechos y conocer la responsabilidad 煤ltima de los mismos. De la misma forma, se constataba que aquellos acontecimientos se dieron al amparo de un poder dictatorial e instaba al Gobierno Central a corregir la injusticia y a que fueran acogidos en la ley de Solidaridad con las V铆ctimas del Terrorismo con el reconocimiento y compensaciones que ello conllevaba. Si el Gobierno Central elud铆a o rechazaba esta petici贸n, el Parlamento instaba al Gobierno Vasco a habilitar un fondo para que, al menos se pudieran compensar de alg煤n modo a las v铆ctimas.
Viendo la importancia que supon铆a tener un conocimiento real de lo ocurrido en Vitoria-Gasteiz el 3 de marzo de 1976, la Asociaci贸n present贸 un proyecto para la realizaci贸n de un estudio riguroso de aquellos sucesos, toda vez que se interpretaba lacerante el hecho de que de los mismos solo quedara constancia o versi贸n oficial en unos t茅rminos ajenos por completo a la realidad de lo sucedido. Aceptado y subvencionado el proyecto por la Direcci贸n de Derechos Humanos del Gobierno Vasco, la Asociaci贸n encarg贸 al Instituto Universitario de Historia Social 鈥淰alent铆n de Foronda鈥 (de la Universidad del Pa铆s Vasco, UPV-EHU) la elaboraci贸n de un 鈥淒ictamen hist贸rico sobre los acontecimientos del 3 de marzo en Vitoria鈥. Este Dictamen fue publicado en mayo de 2007 por el Departamento de Justicia, Empleo y Seguridad Social del Gobierno Vasco, como anexo a la monograf铆a sobre la cuesti贸n del historiador Carlos Carnicero Herreros titulada La ciudad donde nunca pasa nada. Vitoria, 3 de marzo de 1976. El 3 de marzo de 2006, coincidiendo con el 30 aniversario de los sucesos, el Parlamento Vasco, a trav茅s de su presidenta, dio lectura a una declaraci贸n institucional en la cual, en su punto 1潞, adem谩s de mostrar una vez m谩s su solidaridad con los afectados, reconoc铆a a 茅stos su condici贸n de 鈥渧铆ctimas del terrorismo鈥, en el 2潞, condenaba una vez m谩s los cinco asesinatos y las brutales agresiones cometidas por las Fuerzas de Orden P煤blico hac铆a treinta a帽os, y en los siguientes, al igual que lo hizo en 2001 se instaba al Gobierno Central a que acogiera en la ley de Solidaridad con las V铆ctimas del Terrorismo a los afectados del 3 de marzo. Pocos d铆as despu茅s, en comparecencia ante la Comisi贸n de Derechos Humanos del Parlamento, la Asociaci贸n expuso la necesidad de formar una Comisi贸n que se encargara de la investigaci贸n y de marcar al menos las responsabilidades pol铆ticas derivadas, toda vez que las penales no eran posible dirimirlas por haber sido desestimados todos los intentos realizados en los Tribunales de Justicia. Tras ser presentada esta propuesta, en febrero de 2007, el Parlamento Vasco aprob贸 una Proposici贸n no de Ley que acordaba crear en su seno una Comisi贸n Especial de estudio que, a partir de ese Dictamen hist贸rico, analizase lo ocurrido y las posibles responsabilidades derivadas de aquellos sucesos. El objeto era elaborar un dictamen o memorando final que, aprobado por el Parlamento, fuera remitido a todas aquellas instancias pertinentes para que lo adjunten a sus cuerpos documentales como versi贸n fehaciente de los hechos probados, de manera que puedan ser contrastados con los hasta ahora 煤nicos existentes en diversos organismos oficiales. A lo largo de varios meses, esta Comisi贸n Especial se ha entrevistado con diferentes personas al objeto de actualizar, clarificar e incrementar en lo posible el conocimiento de aquellos hechos, de manera que el dictamen o memorando sea lo m谩s riguroso y preciso.

Este Parlamento Vasco es consciente de la dimensi贸n del reto que enfrent贸 con aquel acuerdo. La 鈥渧erdad hist贸rica鈥 es una construcci贸n intelectual que responde al conocimiento m谩s o menos completo y ajustado de unos hechos, as铆 como a la percepci贸n que de los mismos y de su contexto se tiene. Es consciente de que, como cualquier otro conocimiento hist贸rico, 茅ste es tambi茅n aproximativo y provisional. Y tambi茅n lo es de que, en condiciones normales, una instancia pol铆tica como es la C谩mara Vasca no escribe la 鈥渧erdad hist贸rica鈥. Pero frente a todo ello, este Parlamento sabe tambi茅n que a d铆a de hoy, despu茅s de m谩s de treinta a帽os, lo que ocurri贸 y lo que se sabe de aquellos hechos no es lo que figura en instancias oficiales y que eso, adem谩s de faltar al principio de verdad y de privar a los ciudadanos del derecho a conocer una versi贸n fehaciente de lo ocurrido, se utiliza para privar de posibles derechos a los reclamantes. Es por ello que, consciente de las limitaciones y complejidades de esta funci贸n asumida, pero respaldado y animado por la posibilidad de corregir en parte la injusticia que trata de reparar, este Parlamento, a trav茅s de la Comisi贸n Especial creada a tal efecto, encar贸 el trabajo de proporcionar y aprobar un dictamen de hechos probados, contrastables e incontestables, para que la ciudadan铆a conozca lo entonces ocurrido en la versi贸n m谩s ajustada a la realidad de la que somos capaces en este momento. En ese sentido y a tal objeto, la Comisi贸n ha convocado a historiadores, a los miembros del Instituto 鈥淰alent铆n de Foronda鈥 que estudiaron y redactaron el Dictamen que ha servido de base a esta nueva indagaci贸n, a protagonistas de aquellos hechos, a v铆ctimas de los mismos, a periodistas, jueces, sacerdotes, cargos institucionales de entonces, pol铆ticos, etc茅tera. Conscientes de que la Comisi贸n acomet铆a el estudio de unos hechos que todav铆a hoy resultan dolorosos, delicados y pol铆ticamente complejos, se decidi贸 por unanimidad en la misma que los comparecientes fueran informados previamente de las preguntas que se les iban a realizar y que la contestaci贸n, atendiendo a las circunstancias personales y/o particulares de algunos, pod铆a efectuarse tanto presencialmente como por escrito. En ese sentido, la Comisi贸n ha tratado de dar el m谩ximo de facilidades a los comparecientes, al objeto de cumplir los objetivos que se hab铆a se帽alado. Con todo, algunos de los llamados a comparecer no han tenido a bien hacerlo. En algunos casos por razones de salud, de disponibilidad o de fuerza mayor; en otros por un silencio que denota un impl铆cito rechazo a la labor de 茅sta, por motivos no expresados. En concreto, atendieron a la Comisi贸n las siguientes personas, grupos o entidades: Instituto de Historia Social 鈥淰alent铆n de Foronda鈥 (UPV-EHU); Carlos Carnicero Herreros (historiador); 鈥淎sociaci贸n de v铆ctimas y familiares del 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz鈥; I帽igo Gonz谩lez Inchaurraga (historiador); Jos茅 Antonio Ab谩solo (periodista y testigo de los hechos); Juan Bautista Pardo (decano de los jueces de Vitoria y actuante en los hechos); F茅lix Placer (sacerdote y testigo de los hechos); Antonio Quilchano (sacerdote y actuante en los hechos). Manuel Mar铆a Lejarreta Allende, entonces presidente de la Diputaci贸n Foral de 脕lava, declin贸 la invitaci贸n y por escrito remiti贸 algunos documentos a la Comisi贸n as铆 como Gonzalo Vera Fajardo por desconocer la respuesta a lo preguntado. Finalmente, no respondieron al llamamiento de 茅sta, no habi茅ndose proporcionado ning煤n motivo, las siguientes personas reclamadas: Manuel Fraga Iribarne (Ministro de Interior); Rodolfo Mart铆n Villa (Ministro de Relaciones Sindicales); Alfonso Osorio (Ministro de la Presidencia); Jes煤s Quintana Sarac铆bar (capit谩n de la Polic铆a Armada actuante en los hechos); 脕ngel Ugarte (responsable del SECED en el Pa铆s Vasco); Jos茅 Luis L贸pez de Bri帽as (sacerdote de la parroquia de Bel茅n de Vitoria en 1976) y Jos茅 Antonio Aguirre P茅rez de Onraita (juez diocesano). A su vez se solicit贸 al Archivo del Obispado que se nos remitiese la informaci贸n que obrase en su poder e hiciera referencia a los hechos estudiados y a la posible autorizaci贸n para la intervenci贸n en la iglesia.

En consecuencia, este Parlamento Vasco aprueba el siguiente Memorando de hechos probados ocurridos el 3 de marzo de 1976 en Vitoria. El mismo se remitir谩 a cuantas instancias oficiales, p煤blicas o privadas tengan relaci贸n directa o indirecta con los sucesos que se relacionan, para que la ciudadan铆a presente y futura conozca la versi贸n m谩s cercana a la realidad posible, para que aquellas v铆ctimas sean reconocidas en su contribuci贸n a la democracia en nuestro pa铆s y para que se sepa qui茅nes eran las personas e instituciones que tuvieron responsabilidades en lo ocurrido.

Memorando

Durante los primeros meses de 1976, la conflictividad socio-laboral se increment贸 extraordinariamente en el pa铆s. Conflu铆an como razones de la misma la oposici贸n al reciente Decreto de congelaci贸n salarial, la p茅rdida de salario real de los trabajadores a consecuencia de una creciente inflaci贸n, los efectos de la crisis econ贸mica internacional de 1973, la negociaci贸n de muchos nuevos convenios colectivos y el entorno sociopol铆tico de crisis y de expectativa de cambio creado por la muerte del dictador Francisco Franco, en noviembre de 1975. En diversos lugares de Espa帽a se produjeron huelgas de sector o generales, prolongadas en el tiempo y con participaci贸n de gran n煤mero de huelguistas. En Vitoria comenz贸 un conflicto laboral en la empresa Forjas Alavesas el 9 de enero, y en los d铆as siguientes adoptaron esa misma actitud de huelga la mayor铆a de las plantillas de otras factor铆as siderometal煤rgicas y de otros sectores (Mevosa, Gabilondo, Aranz谩bal, Engranajes y Bombas Ugo, Apell谩niz, Cablenor, Orbegozo Fittings (de Salvatierra), Areitio, Industrias G谩lycas, Muebles Apell谩niz, Muebles Vitoria, Olaz谩bal y Huarte, Lip Alliquant (de Llodio), Astoa, Echezarreta, Agrator, Talleres Velasco, Calderer铆a Gama, Cremalleras del Norte, la 1陋 Secci贸n de Telef贸nica y Seteco), hasta alcanzar el 26 de enero la cifra de unos seis mil trabajadores, que en su mayor铆a se mantuvieron en esa situaci贸n hasta inmediatamente despu茅s de los hechos del 3 de marzo. Las demandas y las negociaciones fueron particulares de cada empresa, pero 茅stas coincid铆an en reclamaciones de incrementos salariales, de rebaja de jornada, de d铆as de vacaciones, de revisi贸n del convenio y, en alg煤n caso, de retirada de propuestas empresariales de incremento de productividad. Anterior a su presentaci贸n a los diferentes empresarios, hubo contactos entre elementos contrarios o disidentes del sindicato oficial para que las plataformas reivindicativas, aunque adaptadas a la situaci贸n de cada empresa, tuvieran un cuerpo com煤n.

Desde los primeros momentos, la mayor铆a de los huelguistas rechaz贸 el cauce de negociaci贸n y resoluci贸n del conflicto que proporcionaba la estructura del sindicato oficial y 煤nico entonces vigente (la Organizaci贸n Sindical Espa帽ola), planteando como alternativa a 茅ste las Comisiones Representativas. Ese hecho confiri贸 a la huelga una dimensi贸n pol铆tica que trascend铆a la demanda estrictamente laboral. A su vez, la inexistencia de garant铆as y derechos democr谩ticos en la Espa帽a del momento hizo que tanto la huelga como las numerosas asambleas y manifestaciones realizadas por los trabajadores, se desarrollaran todas en un marco alegal, dependiendo en cada momento de la tolerancia hacia las mismas de las autoridades competentes. Asimismo, en ausencia o rechazo por los trabajadores de otros medios, 茅stos utilizaron para sus reuniones locales de la Iglesia cat贸lica, ateni茅ndose al Concordato vigente (de 1953) que garantizaba la inviolabilidad de los recintos eclesi谩sticos y la imposibilidad de acceso a los mismos por parte de la fuerza p煤blica 鈥渟alvo en caso de urgente necesidad鈥 o con 鈥渆l consentimiento de la competente autoridad eclesi谩stica鈥.

A lo largo de aquellos dos meses, los trabajadores y trabajadoras de las diferentes factor铆as celebraron aproximadamente doscientas cincuenta asambleas en recintos eclesi谩sticos, sin que en las mismas se produjera ning煤n incidente o alteraci贸n del orden rese帽able. Asimismo, en la iglesia de San Francisco de As铆s del barrio de Zaramaga se celebraron diecisiete asambleas conjuntas, donde participaban obreros de todas las empresas en huelga, as铆 como los solidarios de 茅sta que no estaban en tal situaci贸n, estudiantes y otros ciudadanos.

Hasta el d铆a 2 de febrero, en que se produjeron graves incidentes cuando la Polic铆a Armada impidi贸 una marcha de obreros hacia la sede de la Organizaci贸n Sindical, no hubo violencias ni enfrentamientos en el marco del conflicto laboral. A partir de ese d铆a comenzaron a reiterarse los problemas y la violencia ejercida por parte de la polic铆a para evitar o limitar las manifestaciones en la calle de los trabajadores y tambi茅n existieron presiones que en algunas ocasiones llegaron a ser intimidatorias por parte de grupos de trabajadores hacia aquellos que optaban por volver al trabajo. En todo caso, las dos huelgas generales que tuvieron lugar en los d铆as 16 y 23 de febrero no se singularizaron por los des贸rdenes callejeros ni por la violencia.

La tercera jornada de huelga general convocada para el 3 de marzo tampoco se caracteriz贸 por la violencia. Desde primeras horas de la ma帽ana, 茅sta se demostr贸 de general seguimiento en la ciudad y la actuaci贸n de los piquetes, controlada por las fuerzas policiales, no fue un factor determinante en su desarrollo. En todo caso, la tensi贸n social se hab铆a ido acumulando al cabo de m谩s de siete semanas de huelga, con dificultades econ贸micas para los trabajadores y con presencia constante de 茅stos en las calles. La prolongaci贸n del conflicto atrajo hacia 茅stos la solidaridad de otros colectivos y entidades obreras y sindicales de dentro y de fuera del pa铆s, y la presencia en la ciudad de representantes de otras huelgas que ten铆an lugar en localidades vecinas. Por su parte, las autoridades fueron tomando conciencia de la creciente agudizaci贸n de ese conflicto y reclamaron m谩s fuerzas policiales y apoyos pol铆ticos para atender al mismo.

Sin embargo, hacia el mediod铆a del d铆a 3 se produjeron graves incidentes. La Polic铆a Armada inst贸 al desalojo de la asamblea obrera reunida en la iglesia de Los 脕ngeles, entr贸 en la de Las Desamparadas para sacar a unos obreros all铆 refugiados e intervino contra las columnas de manifestantes que desde los pol铆gonos industriales del norte y del sur conflu铆an hacia el centro de la ciudad. Los incidentes de mayor gravedad se produjeron a partir de las once de la ma帽ana en la Avenida del General铆simo (actual Avenida de Gasteiz), cuando la polic铆a hizo fuego real contra los trabajadores. El resultado fueron varios heridos de bala, tanto entre los manifestantes en la calle como, en un caso, de una mujer que se encontraba realizando tareas dom茅sticas en un piso en altura de un inmueble cercano. La situaci贸n de progresivo incremento de la violencia deriv贸 en constantes cargas policiales y en saltos, lanzamiento de piedras y colocaci贸n de todo tipo de barricadas por parte de los obreros. Como consecuencia, la ciudad se encontraba para despu茅s del mediod铆a totalmente colapsada en su tr谩nsito rodado, tanto dentro de la misma como en sus v铆as exteriores de acceso. Hacia las dos y media de la tarde se recuper贸 la calma, y obreros y polic铆as se retiraron de las calles.

A las cinco de la tarde estaba convocada la decimoctava asamblea conjunta en la iglesia de San Francisco de As铆s. La cita era de p煤blico conocimiento desde d铆as atr谩s. Solo a falta de un cuarto de hora de su comienzo, y cuando el recinto eclesi谩stico estaba casi lleno de asamble铆stas, la polic铆a comenz贸 a intervenir en los alrededores del templo para impedir el acceso al mismo y controlar las salidas. Dentro de la iglesia, la situaci贸n era de tensi贸n, despu茅s de los disturbios de la ma帽ana, pero en absoluto se hab铆a producido ning煤n incidente ni problema; no era distinta de las reuniones anteriores. Por eso, en la misma hab铆a, adem谩s de obreros, personas mayores e incluso algunas de corta edad. Se calcula que dentro de la iglesia habr铆a unas cuatro mil personas y otras tantas afuera. Hacia las cinco y diez de la tarde, despu茅s de haber establecido un cord贸n para impedir la llegada a la iglesia de m谩s obreros, la Polic铆a Armada recibi贸 la orden de desalojar 鈥搒eg煤n las conversaciones captadas en su radio frecuencia de comunicaci贸n: 鈥溾 por las buenas; si no, a palo limpio鈥. El mando policial en ese punto intermedi贸 con un sacerdote para que el p谩rroco de San Francisco de As铆s procediera al desalojo por orden gubernativa. El p谩rroco interpret贸 que la situaci贸n dentro del templo no era de necesidad como consecuencia de incidentes o violencias, que en absoluto se estaban produciendo, y que por eso no hab铆a argumento para disolver la inmediata reuni贸n y desalojar el recinto. No consta permiso formal ni informal de ninguna autoridad eclesi谩stica; 煤nicamente hay referencias a una orden de desalojo del gobernador civil que le fue mostrada al intermediario.

Minutos despu茅s de las cinco y diez comenz贸 el asalto al templo por parte de la polic铆a, llevado a cabo mediante lanzamiento de gases dentro del recinto. Ello provoc贸 el p谩nico y la salida desordenada de los miles de reunidos en el mismo, huyendo de los efectos de las bombas lacrim贸genas y de los golpes de los cordones policiales que les esperaban en las puertas y salidas improvisadas. Los otros miles de concentrados en los alrededores del templo arrojaron todo tipo de efectos a su alcance contra la polic铆a, tratando de atraer la atenci贸n hacia s铆 y, de ese modo, propiciar una salida en condiciones de los que estaban dentro de la iglesia. En todo caso, y por los testimonios de testigos, declaraciones oficiales y efectos intervenidos, no se sostiene la versi贸n de que los obreros fueran armados de ning煤n tipo de recurso previo, y solo se puede acreditar que utilizaron improvisadamente lo existente en las inmediaciones (vg. piedras, cascotes, ladrillos) para actuar con la intenci贸n que se ha descrito. A su vez, los mandos policiales declararon despu茅s haberse visto 鈥渃ogidos entre ambas masas opuestas de manifestantes en actitud amenazadora y agresiva鈥, y haber agotado los medios antidisturbios disponibles.

Lo constatable es que la Polic铆a Armada recurri贸 finalmente a sus armas reglamentarias contra los obreros 鈥搖na posibilidad ya advertida por los polic铆as que se encontraban en el desalojo- y que el resultado de ello fue la muerte de cinco trabajadores, de los que estaban tanto dentro 鈥搒aliendo- como fuera de la iglesia: Pedro Mar铆a Mart铆nez Ocio, de Forjas Alavesas, 27 a帽os; Francisco Aznar Clemente, panadero y estudiante, 17; Romualdo Barroso Chaparro, de Agrator, 19; Jos茅 Castillo Garc铆a, de Basa (Grupo Arregui), 32; y Bienvenido Pereda, de Grupos Diferenciales, 30. Tambi茅n se produjeron cuarenta y siete hospitalizados y otros treinta atendidos en diversos centros sin llegar a ingresar. Se tiene constancia de veintis茅is heridos de bala, adem谩s de las cinco v铆ctimas mortales. A partir de ese momento, los incidentes se extendieron por buena parte de la ciudad. La polic铆a realiz贸 aproximadamente ciento cincuenta detenciones hasta el final de la jornada y siguieron produci茅ndose heridos por su actuaci贸n. Asimismo, hacia las nueve de la noche result贸 herido grave un inspector del Cuerpo Superior de Polic铆a por el lanzamiento de un artefacto incendiario contra la comisar铆a, situada en el centro urbano, lejos del barrio de Zaramaga. Durante los incidentes de la jornada resultaron veintiocho agentes de la Polic铆a Armada con lesiones y tres hospitalizados.

En los d铆as siguientes siguieron registr谩ndose m谩s heridos a consecuencia de la actuaci贸n policial. Igualmente, se detuvo a varios dirigentes del movimiento huelgu铆stico. Jes煤s Fern谩ndez Naves e Imanol Olabarr铆a Bengoa fueron acusados de sedici贸n y puestos a disposici贸n del Tribunal de Orden P煤blico. Tambi茅n fueron encarcelados Emilio Alonso P茅rez, Juan Jos茅 San Sebasti谩n, I帽aki Mart铆n Echezarra y Alberto Mart铆nez de Lahidalga. Otros l铆deres obreros del conflicto hubieron de ocultarse para evitar su detenci贸n. En ning煤n caso se present贸 prueba delictiva concreta alguna contra los encausados; aun menos de sedici贸n contra los dos primeros citados. Asimismo, en solidaridad con lo ocurrido en Vitoria, se desarrollaron huelgas generales y actos de protesta en diversas localidades, tanto vascas como espa帽olas, produci茅ndose como consecuencia de la actuaci贸n de las Fuerzas de Orden P煤blico otras dos v铆ctimas mortales, en las personas de los trabajadores Vicente Ant贸n Ferrero, en Basauri (Bizkaia), y Juan Gabriel Rodrigo, en Tarragona.

El auditor militar consider贸 en su momento que los hechos producidos por la Polic铆a Armada el d铆a 3 de marzo eran constitutivos de un delito de homicidio, conforme al art铆culo 407 del C贸digo Penal entonces vigente. La circunstancia de no poder determinarse qui茅nes fueron los autores concretos de los disparos que ocasionaron las muertes de los cinco obreros dio lugar al sobreseimiento del sumario. En todo caso, la orden de desalojo que se invoc贸 proceder铆a del entonces Gobernador Civil, Rafael Land铆n Vicu帽a, y la ejecuci贸n de la misma corri贸 a cargo de Jes煤s Quintana Sarac铆bar, mando operativo de la dotaci贸n policial presente. Se desconoce si el Gobernador Civil respondi贸 a la autoridad de una instancia superior a 茅l mismo y cu谩les eran lo t茅rminos precisos y operativos de aquella orden. En ese momento eran ministros actuantes en este conflicto el de Interior, Manuel Fraga Iribarne, el de Relaciones Sindicales, Rodolfo Mart铆n Villa, y el de Presidencia, Alfonso Osorio Garc铆a, sin que sus responsabilidades concretas en aquellos hechos hayan podido ser clarificadas con mayor detalle al no haber tenido a bien comparecer ante esta Comisi贸n Especial ninguno de ellos. Ocurridos los sucesos del 3 de marzo, el d铆a 6 se trasladaron los dos primeros a la ciudad para hacerse cargo personalmente de la resoluci贸n inmediata del conflicto.

Con el conocimiento que a fecha de hoy se tiene de lo acontecido, no es posible determinar la importante cuesti贸n de si existi贸 o no un plan preestablecido para que la polic铆a impidiera precisamente ese d铆a la celebraci贸n de la asamblea, y para que lo hiciera con la violencia finalmente empleada. A cambio, lo que s铆 queda fehacientemente probado es el conjunto de causas generales e inmediatas que dieron lugar a estos sucesos, y que son:

1. El contexto de falta de libertades esenciales que caracterizaba la situaci贸n sociopol铆tica del pa铆s;
2. La inadecuada dotaci贸n y preparaci贸n del operativo policial, y las instrucciones desproporcionadas que incitaban a desde帽ar los derechos humanos m谩s elementales;
3. El uso irresponsable y homicida de armas de fuego para responder a un problema de orden p煤blico y de origen laboral;
4. Las 贸rdenes procedentes de alguna instancia de la l铆nea de mando, cuyo v茅rtice en ese momento era el Gobierno de Espa帽a, que tom贸 las decisiones cuyas consecuencias se han relatado someramente; y
5. La ejecuci贸n de esas 贸rdenes por funcionarios del Estado, sin que se hayan determinado responsabilidades personales.
6. De las causas, recogidas en los puntos 2 a 5, que dieron lugar a estos sucesos, dimana la existencia evidente de responsabilidades pol铆ticas en las personas que en este memorando aparecen como titulares de los ministerios actuantes en este conflicto.

Estos son 煤nicamente los hechos que este Parlamento puede tomar como fehacientes. Para una versi贸n m谩s extensa, pero igualmente rigurosa, se remite al varias veces citado 鈥淒ictamen hist贸rico sobre los acontecimientos del 3 de marzo en Vitoria鈥.

El presente Memorando de hechos objetivos y probados, aprobado por este Parlamento, se trasladar谩 a las instancias y entidades oportunas para que lo adjunten o den referencia del mismo en todos los sumarios e informes abiertos por aquellos sucesos y en todos los fondos documentales que se refieran a la cuesti贸n.

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